jueves, 29 de noviembre de 2012

Siempre te he tenido en la mente como alguien inmortal, inmune a todo, al paso del tiempo y a la edad.
Con una sed insaciable de saber y, a la vez, una fuente inagotable de conocimientos. Sea de lo que sea, sabes de ello.
El término de "hombre" llevado a su máximo exponente. Siempre en buena forma, física, intelectual. Siempre de mala leche, pero siempre con ese encanto sólo perturbable por un portazo o un bebé berreando.
La única persona capaz de intentar meter un teléfono móvil en un cajero; el único que escribe sus claves del banco en idioma babilónico para que nadie se las pueda robar; el único que hasta los ochenta "y pico" ha estado más en forma que yo en mi vida; el único digno de retar a Francisco de Quevedo y cambiar sus sonetos (¡y con éxito!); el único dispuesto a hacer un trabajo sobre legislatura, periodismo, historia o sobre El patito feo para cualquiera de tus nietos; el que mejor canta "no es nene, que es nena, no es nena, es nenín". Escribiste tus memorias, la Aseveración del jubilado Asensio, incluso inventaste un sistema de lenguaje musical para guardar las canciones de tu infancia (antes de aprender solfeo).
Por esas y mil cosas más, siempre has estado en un altar en mi "Top Ten" y no cabe en mi cabeza pensar que algo pueda acabar contigo, con ese súper hombre que sustenta tantas vidas.

No, nada va a poder contigo.

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