jueves, 29 de noviembre de 2012

Siempre te he tenido en la mente como alguien inmortal, inmune a todo, al paso del tiempo y a la edad.
Con una sed insaciable de saber y, a la vez, una fuente inagotable de conocimientos. Sea de lo que sea, sabes de ello.
El término de "hombre" llevado a su máximo exponente. Siempre en buena forma, física, intelectual. Siempre de mala leche, pero siempre con ese encanto sólo perturbable por un portazo o un bebé berreando.
La única persona capaz de intentar meter un teléfono móvil en un cajero; el único que escribe sus claves del banco en idioma babilónico para que nadie se las pueda robar; el único que hasta los ochenta "y pico" ha estado más en forma que yo en mi vida; el único digno de retar a Francisco de Quevedo y cambiar sus sonetos (¡y con éxito!); el único dispuesto a hacer un trabajo sobre legislatura, periodismo, historia o sobre El patito feo para cualquiera de tus nietos; el que mejor canta "no es nene, que es nena, no es nena, es nenín". Escribiste tus memorias, la Aseveración del jubilado Asensio, incluso inventaste un sistema de lenguaje musical para guardar las canciones de tu infancia (antes de aprender solfeo).
Por esas y mil cosas más, siempre has estado en un altar en mi "Top Ten" y no cabe en mi cabeza pensar que algo pueda acabar contigo, con ese súper hombre que sustenta tantas vidas.

No, nada va a poder contigo.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Palpitaciones.
Pum pum, pum pum.
En mi pecho. En mi cuello.
Dicen que los jugadores de póker se tienen que poner algo en el cuello para disimular las palpitaciones en las venas del cuello cuando están nerviosos para no desvelar su jugada maestra.
No sé si seré una buena o pésima jugadora; no sé si los demás se darían cuenta del bombeo de sangre a mil por hora e in crescendo alrededor de mi garganta, pero en mi cabeza se oía claramente. Además, una ola de calor me golpea desde la nuca hasta las rodillas que se tambalean a través de un escalofrío recorriéndome la médula, por lo que la idea de una bufanda en el cuello queda descartada.
Todo eso para decir cuatro palabras destartaladas, sin orden ni concierto, para parecer la idiota que intento no ser, y para desconcertar a mi cabecita que intenta aclararse (con escasos resultados).
Sí, es esa sensación, La Sensación.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Las cosas más ciertas y palpables son las que menos se quieren mencionar.
Acariciaré las palabras.
Las cultivaré para iluminar las noches.
Seré una hechicera.
Cincelaré palabras para compartir el sueño y demostrar la inutilidad de las fronteras.

lunes, 5 de noviembre de 2012

jueves, 1 de noviembre de 2012

Amanecer noviembre con un nudo que me ata, un nudo que me mata.
Que no me deja gritar, ni llorar, ni pensar.
Encadenada de por vida a tu vida. Encadenado mi corazón a tu cama. Sin dejarse liberar; sin dejar de sufrir.

Las peores cadenas son las que nos ponemos nosotros mismos.